Emergencia en el Mediterráneo.

martes, 4 de noviembre de 2008

SINDROME DE ULISES

Maria Vittoria Carlin, médica psiquiatra y voluntaria de Médicos del Mundo Aragón.

La migración es un fenómeno universal que ha ocurrido en todos los tiempos y en todas las naciones y aunque siempre ha sido un proceso difícil para el ser humano, en el siglo XXI han empeorado las condiciones en las que muchas personas emigran y eso hace que muchas veces sus vidas sean, en el país de acogida, incluso más difíciles que en el país de origen.

En algunos casos la odisea comienza en el mismo momento en que se planea la migración (deudas contraídas para costear el viaje, peregrinación hasta la zona de embarque, etc.) y continúa con el mismo viaje en ocasiones peligroso y en circunstancias a veces infrahumanas. Además, en ocasiones, en el momento de la llegada, la situación es crítica incluso para obtener acceso a necesidades tan básicas como comida y vivienda. Por esa razón hay personas que comienzan a experimentar sentimientos de frustración y soledad.

Un sin fin de obstáculos hacen que las expectativas de conseguir una mejor calidad de vida en el país de acogida (frecuentemente idealizado y visto como la “tierra prometida”) choquen con una realidad muy diferente a lo esperado. Por suerte, no es la situación que viven todos los inmigrantes, pero por desgracia, sí que cada día aumenta el número de personas que emigra en condiciones extremas y que tienen que enfrentarse a un estrés psicosocial tan intenso que supera la normal y fisiológica capacidad de adaptación del ser humano.

Las dificultades del proceso migratorio pueden llegar a producir un conjunto de síntomas de naturaleza física y psíquica que en el año 2002 han sido definidos por el psiquiatra Jose Achotegui como Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple, también conocido como Síndrome de Ulises. El paralelismo con el héroe griego se debe al hecho de que éste, pese a ser un semidiós, a duras penas sobrevivió a las adversidades y peligros a los que se vio sometido estando lejos de sus seres queridos, mientras que estas personas de carne y hueso viven situaciones incluso más dramáticas de las descritas en la Odisea.

Los síntomas que con más frecuencia aparecen son en el área de la depresión y de la ansiedad (tristeza, llanto, culpa, tensión, irritabilidad e insomnio) pero también en el área somática (cefalea, fatigas, molestias gastrointestinales…) y pueden presentarse aislados o juntos y con diferentes grados de intensidad, condicionando la evolución del cuadro hacia la recuperación o el empeoramiento si no se tratan a tiempo.
Se puede afirmar que estos síntomas se manifiestan como consecuencia de los múltiples duelos y estresores a los que se ven sometidos estos inmigrantes.
Los duelos son reacciones a pérdidas significativas y se producen en casi todos los procesos migratorios, pero en algunos casos se complican debido a la multiplicidad e intensidad: estas personas tienen que convivir con el peso de haber dejado sus seres queridos en países lejanos, a veces estando muchos meses sin poder comunicar con ellos y sin tener posibilidades de enviarles dinero, no pueden contar con una red social de apoyo, a veces no pueden ni siquiera expresarse porque no conocen el idioma del país de acogida, pierden el rol social que tenían anteriormente y se alejan de sus sistemas de valores y costumbres, dejan tierras con paisajes y climas completamente diferentes.

A todo esto se suman estresores como la soledad forzada, el sentimiento de desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio y la lucha diaria por la supervivencia: se tienen que enfrentar a riesgos físicos (dormir en la calle, con el frío...) y a veces su situación de irregularidad legal les hace vivir con una tensión constante y con el miedo de ser expulsados. Desafortunadamente en ocasiones se añaden también discriminaciones cuando no actitudes racistas.

La importancia de conocer esta problemática radica en la necesidad de actuaciones precoces dirigidas a la prevención: este síndrome no es una patología, es un conjunto de síntomas que van poco a poco empeorando si no se modifican las condiciones estresantes pudiendo llegar a convertirse en una enfermedad mental.

Sin un adecuado enfoque, el riesgo es la patologización de un problema humanitario o incluso un diagnostico equivocado con consecuente hipertratamiento del mismo.
Es clave que el profesional socio sanitario que se encuentre frente a este tipo de personas inmigrantes les pueda ofrecer una buena orientación y acogida: se tienen que considerar las dificultades a las que se enfrentan estos individuos en su totalidad.

Es necesaria una actuación multidisciplinar que va desde la orientación social en recursos (vivienda, “papeles”, cursos de idioma,...) hasta el tratamiento médico si es preciso, pasando por una fundamental labor de apoyo psicosocial y de psicoeducación para que la persona recobre confianza y siga hacia delante.

En muchas ocasiones si se cubren las necesidades básicas y se desbloquea este proceso “atascado” los síntomas desaparecen y la gente vuelve a poder seguir en su camino con éxito.

1 comentario:

belén dijo...

OLE OLE Y OLE.que bien escrito "penelope".Un besazo ENORME!hasta pronto