Emergencia en el Mediterráneo.

jueves, 9 de abril de 2015

‘LA LOCURA DE CADA ENCUENTRO’ Grupo Derecho & Salud.

Viernes, 10 de la mañana. La sala nunca está vacía. Puntual a su cita, está Nana…y su acogedora sonrisa. Siempre hay ya sobre la mesa algún dulce, unas cuantas pinturas y 9 o 10 vasos esperando a ser llenados de té caliente con mucho azúcar.
Pasados unos minutos, va surgiendo un murmullo tímido en la puerta de entrada de la sede, que enseguida da lugar a un estallido de alegría tras otro con cada mujer que se incorpora al grupo. Un río de carritos de bebé invade la sala, los bebés van pasando de brazo en brazo como pelotas, sin inmutarse en absoluto, y los niños más pequeños ocupan su lugar dispuestos a dibujar sus trazos abstractos sabiendo que deben guardar silencio sepulcral. Sin embargo, sus madres continúan con el bullicio catártico en una mezcla de su idioma original y español. Tienen que pasar unos cuantos minutos hasta que logran serenarse para comenzar la sesión… 

Bueno, eso si no llega rezagada otra compañera, que irrumpe con una nueva explosión de alegría grupal.
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Es totalmente incontrolable. Al principio, Ana y yo (las dos “Anas” dinamizadoras) intentábamos controlarlas para impedir estas interrupciones. Pero nos rendimos definitivamente porque lo cierto es que nos terminaron contagiando de esa locura transitoria en el encuentro con cada mujer. Es alegría genuina. Y es que cuando la emoción es genuina, es muy contagiosa. Y nos parece que está bien así, porque es natural, como ellas. Porque nos indica que es su espacio, lleno de valor para ellas, es su casa, su familia. Y eso está bien.
 
Así pues, esta explosión de felicidad es el preludio de cada encuentro en el grupo “Derecho & Salud”, integrado por mujeres africanas (de Gambia y del Congo principalmente). Grupo que se constituyó hace un par de años cuando participaron en los talleres de “salud reproductiva” en la sede. Yo (“Ana II”, como ellas me bautizaron) me incorporé en este curso 2014/2015. Al igual que “Ana I”, formo parte del equipo de “Salud Mental” y ambas volcamos nuestra común vocación a través de la atención individual de casos que nos van llegando junto al gran equipo de profesionales que nos sirve de apoyo y reciclaje terapéutico. Nuestra pasión es la terapia humanista integrativa, si bien el grupo de mujeres de los viernes es mucho más que eso y por ello, ambas disfrutamos mucho con el proyecto. El grupo podría enmarcarse también dentro del área de “Salud Mental”. Sin embargo, también es mucho más que eso. Es un experimento lúdico, y a la vez muy serio, acerca de las emociones humanas. “Experimento” porque no sigue un plan establecido, sino que va moldeándose según las necesidades del grupo que emergen día a día, algo que solo puede hacerse ‘andando’. Nuestro norte es la “Salud Mental”, dentro de la Salud general y los Derechos universales. Referencias que nos guían en el hacer puesto que por sus características sociales requieren ciertas pautas específicas. 

Encima de la mesa aparecen asuntos como la autoestima, la comunicación asertiva, la creatividad, la orientación laboral, los matrimonios mixtos y concertados, la maternidad, la relación de pareja, la resolución de conflictos, etc… “Lúdico” porque tratamos todos estos temas DISFRUTANDO, con entusiasmo, pasándonoslo bien. Dibujamos, dramatizamos, debatimos, bailamos, escuchamos al cuerpo…
Trabajamos sin trabajar. Aprendemos sin esforzarnos. Porque lo importante ha de aprenderse así, con placer, para que no pase sin pena ni gloria y acabe en el olvido.    


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Pero, dejando a un lado sus características específicas como grupo social, hay un atributo que compartimos profesoras y alumnas y que nos pone en el mismo pedestal: Todas SOMOS MUJERES QUE SENTIMOS, con idénticas necesidades, conflictos, frustraciones, confusiones, ilusiones… Idéntica gama de sentimientos, con sus tonalidades e intensidades. Idéntica. Compartimos el corazón. Y desde ahí, ha surgido algo nuevo que suma un valor añadido a los encuentros, algo que está en el ambiente y que no puede fabricarse, que surge o no surge, algo que imprime de sentido el proceso grupal; Una relación de afecto, de aceptación y respeto. Y es que para transmitir ciertos valores, es indispensable que exista esta premisa de confianza. Las protagonistas son las emociones, todas ellas son bienvenidas y a través de ellas, entendemos otros aspectos de la vida. Las mujeres saben que es tabú decir ‘bien’, ‘mal’ o ‘regular’ porque no definen el estado del alma y es muy gratificante ser testigo de su progresivo aprendizaje del lenguaje emocional, ver cómo van aumentando matices para describir su mundo interno y comprobar cómo esa conexión con ellas mismas les ayuda a enfrentarse mejor a sus dilemas particulares. Quizás, son pequeñas cosas apenas observables para otras personas pero para ellas, pueden ser grandes pasos para incrementar su bienestar interior.
Compartimos pues sus vivencias desde el sentimiento, la empatía, la verdad y a través de las reuniones, todas vamos aprendiendo algo más de eso que no está en los libros, esa sabiduría interna que se necesita para vivir mejor. Y así, iluminando aspectos de sus vidas, también damos luz a las nuestras. Es algo que ocurre en contadas ocasiones pero que cuando ocurre, hay que aprovecharlo porque es la mejor manera de trabajar asuntos tan serios mientras reímos.


Y debido a que resulta tan genuino y valioso para todas… Debido a eso, hemos dejado que nos contagien de la feliz locura que supone cada encuentro…
¡Porque lo genuino siempre es y será motivo de celebración!     

Ana García.

   

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